Vitória
Laleska - Sobrina de Rosinha - Archivo personal
Por Rosa M. Martins
Traducción: Luís Miguel Modino
Como preámbulo a esta reflexión sobre el tema del negro en la sociedad contemporánea y los desafíos que forman parte de ella, me gustaría señalar que el primer paso para que el negro ocupe su lugar en la sociedad brasileña, como cualquier otro ser humano o cualquier otra cultura, es que Brasil se reconozca como un país racista. Sin este paso fundamental, hablaremos y actuaremos a tientas, sin poder encontrar ninguna luz al final del túnel.
¿Por qué Brasil es
un país racista?
Las raíces del
racismo tienen su origen en el colonialismo que implantó la esclavitud negra en
Brasil. Es el origen de la no aceptación del negro como persona, explicitada y
confirmada por actos macabros de inferiorización del negro, reduciéndolo a un
animal sin razón, imponiéndole cabestros, inmovilizándolo en baúles, vertiendo
por su garganta litros y litros de agua hirviendo. Recordemos la historia de la
esclavitud en Brasil, una historia negada en los libros desde la escuela
infantil hasta la universidad: tras la independencia de Portugal, en 1822, una
de las primeras medidas del gobierno brasileño fue prohibir a los estudiantes
negros asistir a las mismas escuelas que los blancos. Una de las razones
aducidas era el temor a que pudieran transmitir enfermedades contagiosas. La
lista de los orígenes del racismo en Brasil, derivados del colonialismo, es
larga.
Sin embargo, la sociedad brasileña, lejos de una clara comprensión de la historia, porque se la niega, mantiene veladas o claras actitudes de no aceptación del negro, imposibilitando su ascenso, subordinándolo a una condición subalterna, relegándolo a la marginalidad.
¿Dónde está el
negro o la negra en la sociedad brasileña?
Esta es la
pregunta que me hago constantemente cuando entro en escuelas y universidades
públicas, restaurantes de clase media y cines. No están ahí. ¿Dónde están?
Oculto en los servicios de estos mismos establecimientos, lavar, limpiar,
cocinar. Invisible. De hecho, visible según la conveniencia del sistema.
Me explico:
almorzando con unos amigos en el barrio de Perdizes, un distrito noble de São
Paulo, desde el interior del local observamos una escena de discriminación
policial contra un mensajero en moto que tomó el camino equivocado. En un
minuto aparecieron cinco coches de policía para multar a un pobre trabajador
negro que entró por error en la dirección equivocada.
Cuando fue
liberado y ensartado por las miradas que salían del restaurante, su semblante
triste y humillado me rompió el corazón. A la policía le convenía mostrar a la
élite que estaba trabajando, acabando con los negros trabajadores, para
mantener la pose de la élite paulista.
Sentada allí,
junto a los blancos, preguntándome dónde estaban mis hermanos y hermanas negros
en ese momento, las miradas que iban y venían me informaban de que no debía
estar allí. E imponiéndome, respondí con mi mirada resistente que allí
deberíamos estar todos, juntos, en una fiesta de colores, en el verdadero molde
de Brasil, como de hecho es: un país rico en colores, en diversidad cultural.
Concibo el racismo
brasileño como el peor que puede existir. Veladamente, día a día, socava la
autoafirmación negra, de la que hablaremos más adelante. Para el periodista de
Portal Senado, Ricardo Westin, el racismo es desastroso para las poblaciones
negras. Va mucho más allá del hecho narrado anteriormente. Se manifiesta de
forma menos flagrante, pero produce efectos devastadores en la vida de los
negros. "En cualquier aspecto de la vida, los negros y pardos (grupos que
el IBGE clasifica como negros) están siempre en clara desventaja respecto a los
blancos", considera.
"En Brasil,
ser negro significa ser más pobre que los blancos, tener menos escolaridad,
recibir salarios más bajos, ser más rechazado por el mercado de trabajo, tener
menos oportunidades de ascenso profesional y social, tener dificultades para
llegar a las cumbres del poder público y a los puestos de mando en la empresa
privada, estar entre los principales ocupantes del subempleo, tener menos
acceso a los servicios de salud, ser víctima preferente de la violencia urbana,
tener más posibilidades de ir a la cárcel, morir antes", dice.
¿Cómo afrontar el racismo en Brasil?
Dejo aquí una preciosa colaboración del psiquiatra negro, Frantz Fanon, de Martinica,
para la respuesta diaria eficaz y efectiva que el negro debe dar para enfrentar y combatir el racismo. Fanon (léase Fénon) fue un pensador, filósofo y psiquiatra negro nacido en Martinica.
Cuando viajó a
Francia por primera vez, se dio un baño de realidad. Considerándose francés, o
al menos a la altura de los franceses, por sus posibilidades y oportunidades,
se encontró con una escena que le puso los pies en el suelo. Un niño, al verlo
en las calles de París, gritó asustado: "Mamá, mira al negro, tengo miedo,
mamá...". A partir de ese momento, la vida de Fanon dio un vuelco. Dedicó
el resto de su existencia a comprender los efectos del colonialismo en la vida
de los negros. Murió a la edad de 36 años, dejando tras de sí obras tan
preciosas como "Los condenados de la tierra", "Piel negra,
máscaras blancas", "Alienación y libertad", "Revolución
africana", entre otras.
Fanon sugiere que,
para superar el racismo, es necesario quitarse las máscaras blancas que siempre
ha llevado el negro para ser aceptado. ¿Cómo? Asumiéndose a sí mismo,
afirmándose a sí mismo. Traduzco esta sugerencia de la siguiente manera:
muestra tu pelo, tu peinado africano. Sea usted mismo, esté orgulloso de sí
mismo. Estudia. Empodérate. Afirma y confirma el color de tu piel. Trata bien a
tu piel. Muéstrala como algo hermoso y saludable. Cuida de ti mismo. Defiéndete.
Sin duda, el
racismo no será derrotado sólo con estas actitudes, pero son el comienzo de una
nueva historia. El gobierno, todo el país necesita entenderse como racista para
cambiar. La negación, subraya Westin, "es esencial para la continuidad del
racismo", porque sólo así podrá reproducirse y permanecer, además de
seguir siendo naturalizado e incorporado a la vida cotidiana.
Por eso, el Día de la Conciencia Negra (que se celebra el día en que se conmemora la muerte de Zumbi de los Palmares, una fecha tan incomprendida por quienes se autodenominan no racistas), quiere ser, justamente, una oportunidad para que Brasil se mire a sí mismo, perciba su verdadero rostro y busque un nuevo camino en relación con la mayoría de la población brasileña, cuyo 53% es negra. Un día que hay que entender como necesario para exterminar de una vez por todas este mal que sigue diezmando a las poblaciones negras de este país, que, por cierto, fue construido a costa de la sangre de tantos mártires negros.
Rosa M. Martins
Rosa tiene un máster en Periodismo, Imagen y Espectáculo por la Fundación Cásper Líbero, una licenciatura en Filosofía por la Universidad Salesiana de Lorena (Unisal) y una licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de San Buenaventura de Roma. Es misionera scalabriniana y vive en Santo André - SP. Nominada al Premio de Periodismo Tarso Genro en 2020, fue ganadora del Premio Papa Francisco, categoría Master, del Premio de Comunicación de la CNBB con su disertación "Menores extranjeros no acompañados: un análisis de la representación en el fotoperiodismo italiano", en 2021.
Este artículo fue
escrito a petición de las Hermanas Siervas del Espíritu Santo y ya fue
publicado por ellas con motivo del Día de la Conciencia Negra.



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